viernes, 23 de julio de 2010

Cadáver exquisito.

Gabi Baal
Tiago Nihil



Caminó bajo la lluvia, sin paraguas y con un tabaco medio acabado. Miraba la catedral y sus deformes sombras, pero no tenía miedo…las conocía desde siempre, por que las había visto antes, en varios sueños que mas parecían largos viajes hacia adentro de su triste humanidad. Abrió los ojos y suspiró. Un avión que pasaba cerca del techo dejó una estela de nubes blancas que en medio del cielo azul dibujaron la indescifrable palabra que se movió hasta el concreto para decir ¡Locura! No le molesto, nada le molestaría…tenía su tabaco y pronto Débora regresaría de la muerte, toda blanca, seca de sangre y sonriendo. Y los niños cantores llorarían recordándola. Dejó su tabaco a medio acabar en la mesa, salió por la puerta y aspiro el frio aroma de la tarde, sacio sus pulmones con el aroma del eucalipto y se dijo a si mismo que volvería. Nadie desaparece sin dejar rastro, tenía que estar con él Abu…perdida, perdidos, extasiados de libertad…cantando solos en la noche de luna creciente “No mires al sol me decía mi mamá” repitió al salir de la calle. Pateaba las rocas esparcidas por el pavimento. Empezó a silbar una canción de los Beatles, la única que bien o mal se sabía…Lucy in the sky with diamonds, oh si!...silbar como un poseído mientras el mundo lo olvidaba, y solo sentía el barro en sus zapatos, los que le había regalado su abuela muerta hace 15 años. Siguió su camino mientras la tarde caía con lentitud a sus espaldas. El aire se hacía cada vez más pesado porque estaba llegando a las viejas ruinas, donde se sacrificaban mendigos…pero no había problema, era el mejor trip de su vida y todo era tan, tan suave como la cola de un conejo blanco. Se despertó con la imagen de ese animal en su mente, abrió la ventana y admiró el paisaje que se extendía hasta donde su miope vista alcanzaba, o sea tres metros. Rio y sintió el miedo en su alma, Don Guido y su terrible venganza se acercaban como una nube negra; y un aviso de fría incertidumbre se sentía en la casa. Don Guido estaba con su cara de pocos amigos, y la ausencia de palabras que fue el castigo que cayó sobre sus cabezas les llegó hasta lo más profundo de su chungo cocorocó, y desoló lo poco de alegría post – chuchaqui que hizo volar su corazón, pero ya que importaba todo, la Liga goleó como siempre al Barcelona. Los hinchas festejaron el triunfo con demasiada emoción, y la pizza llegó justo a tiempo para alimentar al niño gordo que habitaba en Nayón.

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